Una nueva escena domina el ámbito dramático. Los espacios interiores se encuentran desprovistos de la vida teatral. Las butacas vaciadas dieron paso a un silencio nunca antes escuchado y los telones, bajados, esperan ansiosos ser espectadores de nuevas historias. Desesperada, la escena sale en busca de aquellas personas que nunca debieron dejar de observar y se coloca visible ante todos.
Nuestra caja escénica ha conquistado el umbral de entrada, llamando al espectador a vivir de nuevo este lugar. Se presenta ante nosotros una puerta de acceso a este mundo extraño, al que nunca podremos ir de no ser construido y reproducido en una ficción. Un pasaje onírico y efímero que se convierte en escena. Una escena que vuelca hacia un vestíbulo parcialmente poblado. Una escena que sale al exterior y que siempre ha sido segura. Una escena que se cierra en sí misma, cuestionándose cómo ha de evolucionar.